La última etapa de la prehistoria egipcia va unida al desarrollo de la parte nororiental de África, por lo que se puede decir que la cultura egipcia tiene profundas raíces africanas. En el valle del Nilo, a finales del VI milenio comiezan el Neolítico, surgiendo dos focos de civilización uno en el sur, el Alto Egipto, y otro en el norte en la región del oasis del Fayum y el delta.

La noción de estado territorial surge en el Alto Egipto entre el 3.300 y 3.100 a.C. durante el período predinástico, siendo el rey Narmer hacia el 3100 quien completa la unificación política de las dos tierras: la tierra del loto o Alto Egipto y la tierra del papiro o Bajo Egipto., creando el primer estado nación de la historia de la humanidad. Se funda Menfis como capital con una característica simbólica, pues está situada en el vértice del delta, en la mitad de las dos tierras como punto de equilibrio de las dos mitades del reino.






La civilización egipcia que perduró durante más de 3.000 años conoció períodos de gran pujanza y prosperidad (Reino Antiguo, Reino Medio y Reino Nuevo) y otros de enorme fragilidad (Períodos intermedios y Período tardío).

En el Reino Antiguo (2.700 - 2.200 a.C., III - VI dinastías) se consolidan la unidad de las dos tierras y el poder del rey, lo que favorece que el primer faraón de la III dinastía, Dyesert se decante por las doctrinas solares. Ahora los destinos de ultratumba del rey iban a ser únicamente solares y reservados sólo a él. Su destino iba a ser el cielo, donde se uniría a su padre Ra. Por eso su tumba pasó a ser la pirámide. Ésta era a la vez, punto de partida de la ascensión y símbolo de la primera tierra sobre la que salía Ra.

Al final del reinado del último faraón de la VI dinastía (Pepi II) el frágil equilibrio de poder entre la monarquía y la nobleza se rompe. La monarquía ve relegado su poder únicamente a la ciudad de Menfis, ya que en el Delta las ciudades recuperaron su autonomía hasta que fueron invadidas por beduinos asiáticos y en el Alto Egipto los nomarcas asumen el poder efectivo en sus territorios.

La civilización egipcia vuelve a destacar nuevamente durante el Reino Medio (2.050 a.C. - 1.800 a. C., XI - XII dinastías). Montuhotep II, fundador del Reino Medio fijó la capital en Tebas y estableció el culto al dios Montu. Posteriormente Amenenhat I fundador de la XII dinastía eligió a Amón. La esencia de la monarquía sigue siendo una realeza divina, aunque los faraones del Reino Medio se presentan más humanizados.

La XIV dinastía, ya en el segundo período intermedio, sufrió la primera invasión grave por parte de un pueblo asiático, los hicsos, que permanecerán en Egipto durante más de cien años.

La lucha contra el pueblo invasor finalizó cuando líderes como Seqenenre Taa II, que murió en plena batalla, su hijo Kamose y, finalmente también su hijo Amosis quien expulsó a los hicsos de Egipto. Con Amosis (Amosis I) fundador de la XVIII dinastía y del Reino Nuevo (1.550 a.C. - 1.085 a.C., XVIII - XX dinastías), comienza el último período en el que Egipto brilló sin igual entre los pueblos de la época. El gran dios dinástico de los reyes del Reino Nuevo es Amón, ahora unido a la diosa Mut y al dios Jonsu formando la tríada tebana.

El Reino Nuevo es una época de faraones constructores, conquistadores y de grandes períodos de paz en los que los egipcios van a alcanzar los más altos niveles de desarrollo cultural y económico.

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