Arqueoturismo en Córdoba

Febrero 2.018

Restos romanos, árabes y judíos.

La bondad del lugar provocó que fuera ocupado desde tiempos muy antiguos, datándose un asentamiento ya definitivo desde el quinto milenio antes de Cristo. En la Edad del Hierro se estableció en la zona un asentamiento ibero contiguo al cual los romanos en el siglo III a.C. establecieron el suyo propio al finalizar la guerra contra los cartagineses.

Fue en el siglo II a.C. cuando se fundó la ciudad romana de Corduba. La ciudad se vió envuelta en las guerras fraticidas entre Julio César y los herederos de Pompeyo hasta que Julio César arrasó a la ciudad causando una gran matanza. Aunque en época republicana la ciudad ya conoció cierta prosperidad fue en época imperial cuando la ciudad alcanzó su apogeo con la construcción de sus edificio públicos. En el siglo I d.C. fue capital de la Bética. El bajo imperio marcó el inicio de la decadencia que se agravó con la dominación visigoda ya que la ciudad se vio involucrada en una nueva guerra civil.

Sin embargo, la ciudad alcanzó su momento de máximo esplendor bajo dominio árabe. En el año 717 ya era capital del emirato dependiente de Damasco. Fue en el siglo X bajo Abd al-Rahman III cuando la ciudad alcanzó su Edad de Oro en cuanto a prosperidad y cultura. En esta época llegó a ser la ciudad más poblada del mundo occidental. Posteriormente, en el siglo XI, el califato se disgregó en los Reinos de Taifas, lo que marcó el inicio de la decadencia de la ciudad.

Finalmente la ciudad cayó en manos cristianas en 1.236 bajo el reinado de Fernando III el Santo.

De los monumentos de la diferentes culturas que se pueden visitar caben destacar de época romana un templo y un mausoleo entre otros. De época árabe la impresionante mezquita que, aunque herida por una iglesia cristiana al menos no fue destruida como otros muchos edificios similares en otras ciudades como Sevilla. También de época árabe caben destacar los baños del alcázar califal.

La ciudad de Córdoba bien merece una detenida visita, no ya solo por sus yacimientos arqueológicos sino por la sorpresa continua que representa dar la vuelta a cada una de sus esquinas, ya que son numerosos los rincones que la hacen especial a los ojos de un visitante atento.

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