Arqueoturismo en Numancia

Noviembre 1.992 y Agosto de 2.013

Ciudad arevaco-romana.

Siga la N 111 en dirección N desde Soria en dirección a Garray (indicado).

El yacimiento se encuentra situado en un cerro conocido como la Muela de Garray. La posición estratégica en un lugar que permite controlar las vías de comunicación y su fácil defensa en el vado de los ríos Duero y Merdancho hacen que el lugar haya sido habitado desde finales del Calcolítico, en la segunda mitad del tercer milenio antes de Cristo. Estos pobladores eligieron la zona Sur del cerro debido a las favorables condiciones climatológicas.

Durante la Edad del Bronce la ocupación del lugar fue discontinuada hasta que en la Edad del Hierro, hacia el siglo VII a. de C., el lugar fue ocupado por pueblos celtíberos, más concretamente los arevacos, que fundaron la ciudad de Numantia en el siglo III a. de C. con un trazado urbano muy bien planificado y fortificado con murallas. Este trazado incluía el diseño de intersecciones quebradas de las calles, en aquellas calles que transcurrián de Norte a Sur, para evitar que este viento afectara en demasía a la ciudad.

Las construcciones arevacas tenían un basamento de piedra sobre el que se construían lienzos de adobe, tanto para las casas como para la muralla que circundaba la ciudad. El interior estaba formado por tres dependencias, una de labor con bodega, una despensa y la más amplia en la que se encontraba el hogar y donde la familia hacía la vida. Las calles no estaban pavimentadas y se caracterizan porque había grandes piedras intercaladas que los numantinos utilizaban para cruzar de un lado al otro de la calle.

A lo largo del siglo II a.C. los romanos inician la conquista de la celtiberia. En el año 179 a.C. los romanos iniciaron un período de paz con los pueblos asentados en esas tierras, sin embargo, su excesiva presión hizo que en el año 154 a.C. se inició un levantamiento general de los celtíberos. Los habitantes de la ciudad de Segeda empezaron a concentrar en su ciudad a la población de los alrededores e iniciaron la construcción de una muralla, algo taxativamente prohibido por los romanos. Al no poder finalizar las murallas a tiempo para defender su ciudad fueron a Numantia a refugiarse. El sentido sagrado de la hospitalidad de los pueblos celtíberos causó que los Numantinos aceptaran la llegada a su población de sus vecinos de Segeda.

Fueron varios los generales que quisieron someter a los numantinos y que fueron derrotados por los mismos, alternándose períodos de guerra directa y otros de tratados de paz rechazados por el senado romano, en los que las hostilidades se dirigían contra los vacceos y los lusitanos. En el año 134 a.C. llega el general romano Publio Cornelio Escipión que decide rendir la ciudad por hambre rodeándola con siete fuertes más una muralla y un foso. En numerosas ocasiones los arevacos intentaron romper el cerco hasta que Retógenes lo consiguió. Su objetivo era conseguir apoyo por parte de otros pueblos celtíberos pero todos lo rechazaron excepto las gentes de Lutia. El general romano abortó el apoyo de los Lutianos cortando las manos a los 400 guerreros más jóvenes. Después de un cerco de once meses, en el año 133 a. de C. la ciudad cae por inanición.

La ciudad conoce una nueva población a partir del siglo I a. de C. con la tribu de los Pelendones y obtuvo el grado de municipium en la segunda mitad del siglo I d. de C. con la dinastía Flavia. La nueva ciudad aprovecha la distribución y el urbanismo desarrollados en la etapa celtibérica, realizando pocas modificaciones.

El Bajo Imperio, a partir del siglo III d. de C., marca el comienzo del declive del asentamiento, siendo aprovechados posteriormente sus restos para la construcción de las poblaciones que rodean el asentamiento.