Arqueoturismo en Évora

Agosto 1.993

Crómlech, dolmen y templo romano.

La comarca de Évora muestra restos de ocupación humana desde tiempos prehistóricos como atestiguan los numerosos restos arqueológicos de esa época.

El lugar que ocupa la ciudad ha conocido poblamientos humanos desde, al menos, la Edad del Hierro. Aquellos pueblos la llamaron Ebora Cerealis.

Bajo el dominio romano la ciudad se llamó Liberlitas Julia y llegó a acuñar moneda propia.

El dominio visigodo de la ciudad marcó un cierto declive, pero la llegada de los árabes hizo que la población conociera un nuevo momento de esplendor. De esta época nos queda gran parte del urbanismo de la actual ciudad.

La localidad pasó a manos cristianas en el año 1.165.

Dentro del casco urbano se levanta imponente el templo de Diana, datado en el siglo II o III de nuestra era. De su estructura se conserva el plinto y varias columnas completas con su basamento, fuste y capitel, fabricados en granito y mármol de la comarca.

A doce kilómetros al oeste de la ciudad se conserva el crómlech más importante y mejor conservado de la península ibérica. Está formado por al menos 95 monolitos que forman un óvalo irregular, la mayoría de ellos en su lugar original. Se cree que la construcción data del tercer milenio antes de Cristo y que está relacionada con motivos astronómicos asociados a los ciclos agrícolas, además de a los rituales asociados a los pueblos que lo construyeron. En alguno de los monolitos se conservan impresos algunos grabados abstractos y astronómicos como estrellas y lunas en cuarto menguante que haya podido observar.

Relativamente cercano, junto a la Escuela de Agricultura de la Universidad se encuentra el Anta Grande do Zambujeiro, datado aproximadamente en la misma época. Se trata del dolmen más grande de toda Europa con cinco metros de altura y tres de anchura en la cámara sepulcral. Es un dolmen de corredor del que se ha perdido el montículo de arena que lo cubría, sin embargo se conserva en muy buen estado el corredor y la cámara sepulcral de la que falta la roca que servía para tapar el enterramiento.


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